EL
BARROCO PROTESTANTE Y BURGUÉS
Arnold
Hauser, Historia social de la literatura y el arte II. P. 137-157
Durante el reinado de Felipe II, se
produjo una revuelta de los Países Bajos (que el monarca había
heredado de su padre, Carlos V), que rechazaban el centralismo de los
españoles. El éxito fue desigual en las provincias del norte y las
de sur; mientras Flandes y las demás provincias del sur, de
población católica, fracasaron en su lucha, Holanda y las
provincias del norte, protestantes (calvinistas), triunfaron y
constituyeron un estado independiente: Las Provincias Unidas de los
Países Bajos.
En Flandes las circunstancias eran
semejantes a las de Francia: la aristocracia se convierte en una
dócil nobleza cortesana sometida al poder del Estado. El arte tiene
un sello oficial, pero influido por el catolicismo (a diferencia de
Francia). El catolicismo restaurado dio mayor libertad que en otros
lugares a los artistas, lo que repercute en que el arte barroco
flamenco tiene un carácter más libre y agradable que el francés o
el eclesiástico en Roma.
Dos
direcciones artísticas diferentes:
Barroco
flamenco
Barroco
holandés
Surgen simultáneamente, en estrecho
contacto geográfico y en condiciones completamente análogas excepto
en lo que se refiere a la economía y a lo social. Esta bifurcación
se produce durante el reinado de Felipe II. La burguesía, de
espíritu conservador y gremial se oponía a las ideas de la “razón
de Estado” y del mercantilismo que pretendía implantar el monarca
como príncipe progresista que era. Los burgueses de todo el país
querían ante todo mantener la autonomía y privilegios de sus
ciudades. El levantamiento de los holandeses no fue porque fueran
protestantes, sino porque eran conservadores. Triunfaron en el Norte
durante un corto tiempo. El arte mantuvo las características de la
ciudad. Los empresarios del comercio y la industria se convirtieron
en la clase predominante y oprimió tanto a los trabajadores como a
la pequeña burguesía de artesanos y comerciantes autónomos. Esta
clase dirigente estaba representada por los regentes,
antiguos comerciantes que ya vivían de sus rentas y que enviaron a
sus hijos a estudiar derecho a las universidades de Leiden y Utrech,
convirtiéndose en una auténtica casta que nutrió las magistraturas
de las ciudades y ejerció el poder como clase dominante. Los nobles,
escasos en número, prefirieron mezclarse con la burguesía. La gran
burguesía se convirtió en una aristocracia de comerciantes y,
empezando por las familias de los regentes, comenzaron a adoptar un
estilo de vida que las alejaba de las clases más numerosas. Formaban
la transición entre la nobleza y las clases medias.
El espíritu burgués siguió siendo
el predominante en el arte, diferenciándose el arte holandés del
resto de Europa (cortesano).
A ese carácter burgués debe la
desaparición de las trabas eclesiásticas:
No se da en absoluto la imagen
devota.
Las historias bíblica se convierten
en escenas de género.
Preferencia por la vida real y
cotidiana: el cuadro de costumbres, el retrato, el paisaje, el
bodegón, el cuadro interior y la arquitectura.
Estos
temas de género, paisaje y naturaleza dejan de ser mero complemento
de las composiciones bíblicas, históricas y mitológicas para
poseer un valor propio y autónomo.
Se vuelve objeto de arte la parte de
realidad que es propiedad del individuo, de la familia, de la
comunidad y de la nación.
Se
desarrolla un peculiar naturalismo holandés, “un modo de
representación que procura no tanto hacer visible todo lo anímico
cuanto animar todo lo visible e interiorizarlo”.
Este arte es el
resultado de la combinación del pequeño formato y un alto realce
del contenido psicológico. La pintura, y especialmente el cuadro de
gabinete, se convierte en Holanda en el género predominante.
Nunca antes se había mantenido el
gusto burgués tan libre de la influencia oficial y pública y nunca
antes había sido sustituido el encargo oficial por el privado.,
aunque no desaparecen por completo los clientes oficiales o
semioficiales: municipios, corporaciones, asociaciones ciudadanas,
hospicios, hospitales, asilos. Estos encargos se diferencian ya de la
pintura a burguesa en su estilo, entre otras cosas por su mayor
formato.
El gusto burgués no es homogéneo.
Los ilustrados que se han formado en la literatura clásica favorecen
las corrientes italianizantes vinculadas al Manierismo; prefieren las
representaciones de las historia clásica y de la mitología,
alegorías y pastorales, ilustraciones bíblicas agradables e
interiores elegantes.
La burguesía no intelectual tiene un
gusto más naturalista, pero ambas corrientes conviven en tensión a
lo largo de todo el período, si bien el naturalismo es más
importante. Este gusto se irá aproximando a una concepción
artística más elegante hasta que finalmente venza en Holanda el
academicismo clásico, con un nuevo espíritu anti democrático que
se expresa en la total desaparición de los grandes retratos en grupo
con representación de compañías enteras y sólo se retrata a los
oficiales.
El gusto de la mediana y pequeña
burguesía no estaba muy desarrollado y no tenía más criterio
artístico que el parecido. Esta demanda ingenua es una ventaja para
los artistas, que pueden trabajar libremente conforme a sus propias
ideas. Pero esta libertad a las postre llegó a una catastrófica
superproducción. Con la desaparición de los gremios y la ausencia
de normas de la Corte o el Estado se degenera en una violenta
competencia que lleva a la penuria a los artistas. Así comienza el
desarraigo social del artista y la problematización de su existencia
a la que contribuye la mediación del comercio del arte (los
marchantes). En los países de cultura cortesana y aristocrática los
artistas eran mejor pagados.
Rubens aplica una organización
racional del trabajo artístico (heredada del taller de Rafael) que
separa la concepción de la idea artística de su ejecución. Este
procedimiento tiene detrás la noción de que el valor de un cuadro
está ya en el cartón y la transposición del pensamiento pictórico a
la forma definitiva tiene un valor secundario.
En
el Sur, tras su fracaso, la burguesía cede su lugar preponderante en
la sociedad a la aristocracia, que se orienta hacia la Corte: triunfa
la cultura cortesana sobre la ciudadana y burguesa.