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martes, 15 de abril de 2025

Goya

 

FRANCISCO DE GOYA

Fuendetodos, 1746 – Burdeos, 1828


Retrato de Asensio Juliá. H. 1798. Ó/l.



El retratado es un amigo de Goya, también pintor, valenciano, que colaboró con él en el fresco de la ermita de San Antonio de la Florida, en la que parecen estar trabajando en ese momento (por los andamios). Lienzo de alta calidad técnica por la postura del retratado y por la pincelada suelta, es un anticipo de la pintura romántica.

El tío Paquete. h. 1819-1820. Ó/l.



Inscripción en el reverso. “El célebre ciego fijo”. Conocido mendigo de la iglesia de San Felipe el Real. Cantaor y guitarrista.

Por su técnica, colorido y tema es de la época de las 14 pinturas de la Quinta del Sordo. Centra toda la atención en el rostro que emerge de un fondo negro. Cara muy empastada con pincelada libre. Verismo rayano en crudeza: los ojos muestran la minusvalía del hombre; se intuyen a través de pequeñas aberturas en los párpados; nariz corta y ancha; boca de labios redondeados y casi sin dientes; risa sarcástica. En conjunto es una expresión ambigua característica del último estilo de Goya.




miércoles, 16 de octubre de 2024

MURILLO

 


BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO

Sevilla, 1617-1682


A partir de 1645 empieza a ser un pintor conocido y recibe encargos de la catedral de Sevilla y de clientes diversos, cuadros religiosos y profanos. A partir de los años 50 se convierte en el pintor más prestigioso de la ciudad. Viaja en 1658 a Madrid y conoce la colecciones reales. En 1660 funda con Herrera el Mozo y otros la Academia de Pintura, para formar a jóvenes pintores. La dirigió junto con Herrera y Valdés Leal. A partir de 1670 compone sus obras más íntimas, con pocas figuras en espacios muy amplios creando una sensación de tranquilidad, como en su Inmaculada Concepción, de el Prado.


La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo, h. 1670. Ó/l.



Santa Rosa de Viterbo es una franciscana muerta a mediados del s. XIII. Sus atributos son rosas blancas en un cesto en los pliegues del vestido. En una escena secundaria a la izquierda santa Rosa predica a la multitud siendo aún muy joven.

Es una obra de madurez. En primer plano, un triángulo clásico con las tres figuras del tema principal. A la derecha cuatro mártires con túnicas blancas y a la izquierda el contrapunto de cuatro angelitos, ambos grupos pintados con pinceladas que deshacen las formas. Mundo emocional que se desprende de las miradas, gestos y actitudes del grupo central. Todo ello pintado con la suavidad y dulzura que hicieron famoso a Murillo.

martes, 15 de octubre de 2024

ZURBARÁN

 

ZURBARÁN

Fuente de Cantos, 1598 – Madrid, 1664


Se forma en Sevilla, en el taller de Pedro Díaz Villanueva, donde acaba instalándose, después de una estancia de diez años en Llerena, sin pasar el examen gremial previo. Aporta la novedad de sus santas, para las que utiliza modelos reales, caminando en procesión y con indumentarias cotidianas (inspiró a Balenciaga). Sostienen sus atributos y miran fuera del cuadro. Fueron muy populares y se exportaron a América.

Hay altibajos a lo largo de su carrera (dificultades con la composición y fallos de construcción y perspectiva, pero solventa bien las anatomías).

Tiene un taller grande con ayudantes valiosos. Para suplir sus carencias copia estampas.

Valioso como retratista por su modernidad, en una tradición que en España parte de Tiziano.

Llega a Madrid en para pintar para el Salón de Reinos del Buen Retiro (10 lienzos con los trabajos de Hércules) y evoluciona en contacto con las obras clasicistas: sus cuadros empiezan a incorporar más atmósfera.

Cuando vuelve a Sevilla ya se ha instalado Murillo con una nueva sensibilidad. Como su adustez ya no encaja con la dulzura y suavidad de Murillo, regresa a Madrid.

Sus bodegones tienden a la simplificación como reacción a Manierismo, como hicieron todos los pintores del primer tercio del siglo XVII:

→ cuadros de Zurbarán en El Prado.


Santa Casilda, h. 1630-35. Ó/l.

Santa Casilda, abandonó la religión musulmana de su padre, un rey árabe del siglo XI. Socorría a los prisioneros cristianos de su padre llevándoles alimentos. Sorprendida en este acto, los alimentos se transformaron milagrosamente en rosas, atributo habitual de su iconografía.

Lujo en ropas y joyas. Luz fuerte que subraya la monumentalidad y resalta el colorido del ropaje contra un difuminado fondo. Texturas de los paños. En los rostros de algunas de las santas se puede identifica a la clientela de Zurbarán en lo que se llamó “retrato a lo divino”.