domingo, 27 de octubre de 2024

EL BARROCO PROTESTANTE Y BURGUÉS

 

EL BARROCO PROTESTANTE Y BURGUÉS

Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte II. P. 137-157


Durante el reinado de Felipe II, se produjo una revuelta de los Países Bajos (que el monarca había heredado de su padre, Carlos V), que rechazaban el centralismo de los españoles. El éxito fue desigual en las provincias del norte y las de sur; mientras Flandes y las demás provincias del sur, de población católica, fracasaron en su lucha, Holanda y las provincias del norte, protestantes (calvinistas), triunfaron y constituyeron un estado independiente: Las Provincias Unidas de los Países Bajos.


En Flandes las circunstancias eran semejantes a las de Francia: la aristocracia se convierte en una dócil nobleza cortesana sometida al poder del Estado. El arte tiene un sello oficial, pero influido por el catolicismo (a diferencia de Francia). El catolicismo restaurado dio mayor libertad que en otros lugares a los artistas, lo que repercute en que el arte barroco flamenco tiene un carácter más libre y agradable que el francés o el eclesiástico en Roma.


Dos direcciones artísticas diferentes:

  • Barroco flamenco

  • Barroco holandés

Surgen simultáneamente, en estrecho contacto geográfico y en condiciones completamente análogas excepto en lo que se refiere a la economía y a lo social. Esta bifurcación se produce durante el reinado de Felipe II. La burguesía, de espíritu conservador y gremial se oponía a las ideas de la “razón de Estado” y del mercantilismo que pretendía implantar el monarca como príncipe progresista que era. Los burgueses de todo el país querían ante todo mantener la autonomía y privilegios de sus ciudades. El levantamiento de los holandeses no fue porque fueran protestantes, sino porque eran conservadores. Triunfaron en el Norte durante un corto tiempo. El arte mantuvo las características de la ciudad. Los empresarios del comercio y la industria se convirtieron en la clase predominante y oprimió tanto a los trabajadores como a la pequeña burguesía de artesanos y comerciantes autónomos. Esta clase dirigente estaba representada por los regentes, antiguos comerciantes que ya vivían de sus rentas y que enviaron a sus hijos a estudiar derecho a las universidades de Leiden y Utrech, convirtiéndose en una auténtica casta que nutrió las magistraturas de las ciudades y ejerció el poder como clase dominante. Los nobles, escasos en número, prefirieron mezclarse con la burguesía. La gran burguesía se convirtió en una aristocracia de comerciantes y, empezando por las familias de los regentes, comenzaron a adoptar un estilo de vida que las alejaba de las clases más numerosas. Formaban la transición entre la nobleza y las clases medias.

El espíritu burgués siguió siendo el predominante en el arte, diferenciándose el arte holandés del resto de Europa (cortesano).

A ese carácter burgués debe la desaparición de las trabas eclesiásticas:

  • No se da en absoluto la imagen devota.

  • Las historias bíblica se convierten en escenas de género.

  • Preferencia por la vida real y cotidiana: el cuadro de costumbres, el retrato, el paisaje, el bodegón, el cuadro interior y la arquitectura.

  • Estos temas de género, paisaje y naturaleza dejan de ser mero complemento de las composiciones bíblicas, históricas y mitológicas para poseer un valor propio y autónomo.

  • Se vuelve objeto de arte la parte de realidad que es propiedad del individuo, de la familia, de la comunidad y de la nación.

Se desarrolla un peculiar naturalismo holandés, “un modo de representación que procura no tanto hacer visible todo lo anímico cuanto animar todo lo visible e interiorizarlo”1.

Este arte es el resultado de la combinación del pequeño formato y un alto realce del contenido psicológico. La pintura, y especialmente el cuadro de gabinete, se convierte en Holanda en el género predominante.

Nunca antes se había mantenido el gusto burgués tan libre de la influencia oficial y pública y nunca antes había sido sustituido el encargo oficial por el privado., aunque no desaparecen por completo los clientes oficiales o semioficiales: municipios, corporaciones, asociaciones ciudadanas, hospicios, hospitales, asilos. Estos encargos se diferencian ya de la pintura a burguesa en su estilo, entre otras cosas por su mayor formato.

El gusto burgués no es homogéneo. Los ilustrados que se han formado en la literatura clásica favorecen las corrientes italianizantes vinculadas al Manierismo; prefieren las representaciones de las historia clásica y de la mitología, alegorías y pastorales, ilustraciones bíblicas agradables e interiores elegantes.

La burguesía no intelectual tiene un gusto más naturalista, pero ambas corrientes conviven en tensión a lo largo de todo el período, si bien el naturalismo es más importante. Este gusto se irá aproximando a una concepción artística más elegante hasta que finalmente venza en Holanda el academicismo clásico, con un nuevo espíritu anti democrático que se expresa en la total desaparición de los grandes retratos en grupo con representación de compañías enteras y sólo se retrata a los oficiales.

El gusto de la mediana y pequeña burguesía no estaba muy desarrollado y no tenía más criterio artístico que el parecido. Esta demanda ingenua es una ventaja para los artistas, que pueden trabajar libremente conforme a sus propias ideas. Pero esta libertad a las postre llegó a una catastrófica superproducción. Con la desaparición de los gremios y la ausencia de normas de la Corte o el Estado se degenera en una violenta competencia que lleva a la penuria a los artistas. Así comienza el desarraigo social del artista y la problematización de su existencia a la que contribuye la mediación del comercio del arte (los marchantes). En los países de cultura cortesana y aristocrática los artistas eran mejor pagados.

Rubens aplica una organización racional del trabajo artístico (heredada del taller de Rafael) que separa la concepción de la idea artística de su ejecución. Este procedimiento tiene detrás la noción de que el valor de un cuadro está ya en el cartón y la transposición del pensamiento pictórico a la forma definitiva tiene un valor secundario.


En el Sur, tras su fracaso, la burguesía cede su lugar preponderante en la sociedad a la aristocracia, que se orienta hacia la Corte: triunfa la cultura cortesana sobre la ciudadana y burguesa.

1Hauser, Vol. II. Pg. 144

No hay comentarios:

Publicar un comentario