PETER PAUL RUBENS
Siegen, 1577 – Amberes,
1640
Se formó viajando por
Italia. Pintó para las grandes familias y visitó las principales
cortes europeas. En su taller hay grandes maestros (Van Dyck) que
pintan “a la manera de Rubens”. Al final de su carrera cultivó
el paisaje. Ejerció una enorme influencia tanto en Flandes como en
el resto de Europa, en parte gracias a los grabados que encargó de
sus pinturas.
Venus
y Cupido, H. 1606-1611. Ó/l.
Es copia de un cuadro de
Tiziano que conoció en la colecciones reales en España; el
brazalete y el anillo del meñique izquierdo ya estaban en el
original. Característica de Rubens son el refinamiento y el dominio
del color.
La
ceguera de Sansón, h. 1609-1610. Ó/t.
Tema del Antiguo
Testamento: los filisteos encargan a Dalila seducir a Sansón para
descubrir el secreto de su gran fuerza. Cuando Sansón le confiesa
que su fuerza reside en su cabellera, Dalila hace que le rapen sus
siete trenzas. Avisados los filisteos, lo capturan, le sacan los ojos
y lo llega a Gaza. Ruben elige el momento más dramático, cuando los
filisteos quieren derribar a Sansón que se resiste a caer.
Boceto monocromo en
marrones y grises, de técnica suelta y rápida con un único toque
de bermellón, la antorcha. Presencia amenazante de la daga que
apunta a los ojos. Dalila, en escorzo, a la izquierda.
Retrato
de una joven dama con rosario. H. 1609 – 1610. Ó/t.
Tras pintar varios
retratos en Italia, fija finalmente el modelo de retrato barroco con
las innovaciones que introduce en el de El duque de Lerma a
caballo, en El Prado: rompe las normas renacentista y representa
al duque avanzando hacia el espectador, con dinamismo y fuerza. En
esta tabla, sustituye los fondo arquitectónicos de tipo genovés por
una tela cálida delante de la cual aparece la joven de pie,
ricamente vestida y con un rosario en la mano. Destacan las calidades
de los encajes, gola, mangas y tocado, los tonos plateados del
corpiño ribeteado en oro y los matices del traje oscuro, que remiten
a los retratos que hizo en Génova.
La
virgen con el Niño, santa Isabel y san Juan Bautista. h.
1618. Ó/l.
Aunque cultivó todos los
géneros con maestría, destaca la pintura religiosa, que cultivó
tanto en grandes formatos para el culto público como pequeños
cuadros de devoción privada, como es este lienzo.
Está inspirado en La
Sagrada Familia de Rafael (El Prado), conocida como La Perla,
que a su vez lo había tomado de Leonardo. El encuentro entre Jesús
y Juan se produce durante un algo en el camino hacia Egipto. No está
recogido en los evangelios, donde sólo se sabe e un encuentro entre
ambos, el del bautismo. La fuente está en la Meditaciones del
Pseudo Buenaventura. Es una escena amable, con el juego de dos niños,
en la que aparece el cordero como símbolo del sacrificio.
Grupo sólido de cuerpo
entero con arquitectura detrás. Ritmo compositivo que enlaza todos
los elementos con el dinamismo y la vitalidad propios de Rubens.
Colores cálidos con pinceladas largas, carnaciones blandas y
nacaradas. El éxito de esta pintura le llevó a pintar varias
versiones más.