BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO
Sevilla, 1617-1682
A partir de 1645 empieza a ser un pintor conocido y recibe encargos de la catedral de Sevilla y de clientes diversos, cuadros religiosos y profanos. A partir de los años 50 se convierte en el pintor más prestigioso de la ciudad. Viaja en 1658 a Madrid y conoce la colecciones reales. En 1660 funda con Herrera el Mozo y otros la Academia de Pintura, para formar a jóvenes pintores. La dirigió junto con Herrera y Valdés Leal. A partir de 1670 compone sus obras más íntimas, con pocas figuras en espacios muy amplios creando una sensación de tranquilidad, como en su Inmaculada Concepción, de el Prado.
La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo, h. 1670. Ó/l.
Santa Rosa de Viterbo es una franciscana muerta a mediados del s. XIII. Sus atributos son rosas blancas en un cesto en los pliegues del vestido. En una escena secundaria a la izquierda santa Rosa predica a la multitud siendo aún muy joven.
Es una obra de madurez. En primer plano, un triángulo clásico con las tres figuras del tema principal. A la derecha cuatro mártires con túnicas blancas y a la izquierda el contrapunto de cuatro angelitos, ambos grupos pintados con pinceladas que deshacen las formas. Mundo emocional que se desprende de las miradas, gestos y actitudes del grupo central. Todo ello pintado con la suavidad y dulzura que hicieron famoso a Murillo.
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