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EL CONCEPTO DE BARROCO
Historia
social de la literatura y el arte II
Arnold
Hauser
En el
Barroco se exterioriza una visión más homogénea que la del
Manierismo, aunque adopta formas diferentes en todos los países de
Europa.
Comprende,
en los diferentes países y esferas culturales, un conjunto de
esfuerzos artísticos tan diversificados que apenas se puede
encontrar un mínimo común:
Ramificaciones
secundarias:
Barroco
cortesano y católico en una dirección sensual, monumental y
decorativa: barroca.
Corriente
clasicista, más
estricta y rigurosa en la forma.
La
corriente clasicista está presente en todo el Barroco desde el
principio, pero no es predominante hasta 1660 en Francia
No
son corrientes excluyentes, unitarias. El arte se hace, a la vez,
naturalista y clasicista, analítico y sintético: surgen de forma
contemporánea corrientes completamente opuestas.
El
Barroco fue rechazado en el siglo XVIII y sólo cambia su
interpretación y valoración después de la aparición del
Impresionismo, con Wölfflin y Riegl.
Wolfflin
subestima el subjetivismo en el Renacimiento y lo sobrestima en el
Barroco. Comprueba una intención artística impresionista en el
XVII:
“Desconoce que la subjetivización
de la visión artística del mundo, la transformación de la “imagen
táctil” en “imagen visual”, del ser en parecer, la concepción
del mundo como impresión y experiencia, la comprensión del aspecto
subjetivo como lo primario, y la acentuación del carácter
transitorio que lleva en sí toda impresión óptica, se complementan
ciertamente en el Barroco, pero son ampliamente preparadas por el
Renacimiento o el Manierismo.”
Wölfllin desarrolla un sistema de
análisis basado en cinco pares de conceptos en los que se contrapone
lo renacentista y lo barroco. En cuatro de los cinco pares se da la
misma tendencia evolutiva de un arte más estricto a otro más libre.
Lineal
– pictórico
Superficial
– profundo
Forma
cerrada – forma abierta
Claridad
– falta de claridad
Variedad
– unidad
Para
el Barroco, el cuadro no es un trozo del mundo, sino un espectáculo
transitorio en el que el espectador ha tenido la suerte de participar
un momento. La intención es “cinematográfica”: los sucesos
representados parecen haber sido acechados y espiados. A este
carácter improvisado corresponde también la relativa falta de
claridad de la representación.
Tan
sólo en la característica de la unidad
se expresa una voluntad de síntesis y con ello un principio más
estricto de composición. En este sentido es continuación del arte
clásico del Renacimiento y no su antítesis. En el Renacimiento se
observa unidad y subordinación: el racionalismo lleva a la
concepción de indivisibilidad de la obra y el carácter consecuente
de su disposición: para que surja la ilusión en el espectador, no
tiene que cambiar su punto de vista. El Renacimiento busca una
coherencia lógica, pero eso no es más que una suma de pormenores
que se pueden reconocer independientes. Esa autonomía desparece con
el arte barroco.
“En una composición de Leonardo o
Rafael los elementos se pueden gozar todavía aislados; en una
pintura de Rubens o Rembrandt, en cambio, ningún detalle tiene
sentido por sí solo”.
El artista tiene ahora una visión
unitaria del objeto y en ella se hunde todo lo particular e
individual.
Así, la composición resulta dominada
muchas veces por una única diagonal o una mancha de color.
Los cambios estilísticos tiene que
ser considerado desde fuera, social y culturalmente, no hay ninguna
necesidad interna. No se puede hablar de un “estilo de época”
unitario que domine en toda ella. En cada momento hay tantos
estilos como grupos sociales que producen arte.
Una de las más importantes creaciones
de la época barroca es la ciencia natural y la filosofía orientada
hacia esa ciencia. Esto fue internacional y el sentido general del
mundo que expresa dominó en las diferentes clases sociales en que se
producía arte.
La nueva visión del mundo parte de
Copérnico: todo no gira alrededor de la Tierra.
Cuando la Tierra deja de ser el centro
del Universo, hay que modificar el sentido y la finalidad de la
creación. Además, tampoco el mundo tiene ya ningún centro, sino
que está formado por partes iguales y de igual valor, cuya unidad la
constituye exclusivamente la general validez de la leyes de la
Naturaleza. El universo es ahora infinito y, sin embargo, unitario;
un sistema de mutuas influencias, algo continuo, organizado según un
principio orgánico; un mecanismo ordenado y en buen funcionamiento:
El hombre pasa a ser un factor
pequeño, pero paradójicamente, adquiere un nuevo sentimiento de
seguridad en sí mismo y de orgullo por poder comprender el Universo,
grande, inmenso, por poder calcular sus leyes. Les parece que han
vencido a la Naturaleza.
Han adquirido una conciencia cósmica:
la concepción de una infinita interdependencia de efectos que abarca
al hombre y la última razón de su existencia.
Esta concepción del Universo es
incompatible con un Dios fuera del sistema (como en la Edad Media).
Ahora también Dios está dentro del sistema y surge el panteísmo
europeo moderno, que según Dilthey empieza a surgir con la
revolución espiritual del siglo XIII.
Todo el arte del Barroco está lleno
del “estremecimiento metafísico”, del eco de los espacios
infinitos y la correlación de todo el ser. La obra de arte pasa a
ser símbolo del Universo.